ACUEDUCTO ROMANO ALBARRACÍN-GEA-CELLA

El Acueducto Romano de Albarracín-Cella, también conocido como de Albarracín-Gea-Cella, por desarrollarse a lo largo de los tres términos municipales. Corresponde a una infraestructura hidráulica de época romana con una longitud aproximada de 25 kilómetros ​ a través de los cuales se abastecía de agua del río Guadalaviar (nombre del primer tramo del rio Turia), a un núcleo de población que existió en el actual emplazamiento de Cella y que debió tener una cierta importancia industrial, pese a que desconocemos su nombre romano. Es sin duda una de las obras públicas hidráulicas más importantes del Aragón romano, junto con la presa de Muel y el acueducto de Los Bañales.

Si atendemos a la época en la que se produjo la romanización de la península ibérica, se puede afirmar que el acueducto de Albarracín-Cella data del siglo I d. C, y se llegó a la conclusión de que se dejó de utilizar en el siglo XII, al realizar un pozo artesiano y surtir una fuente permanente de agua en Cella.

Se tenía constancia de la existencia de esta obra hidráulica por referencias documentales y literarias, como aparecer en el Poema del mío Cid como “Celfa, la del canal”, o las referencias que realizan de la obra autores como Ceán Bermúdez y Federico Andrés.

El recorrido presenta una difícil orografía, que sigue parcialmente el recorrido del río Gualalaviar, por lo que tiene que sortear las estribaciones de la Sierra de Albarracín, para lo que hacía preciso el uso de arcos, el aprovechamiento de las curvas de nivel, e incluso túneles en las rocas, para lograr alcanzar su fin.

Originariamente se componía de arquerías y canales abiertos, que se completaban con galerías subterráneas y pozos verticales. De fábrica de mampostería y argamasa, en la actualidad los restos existentes consisten en grandes arcadas y galerías excavadas en la roca y un gran número de pozos.

No se sabe a ciencia cierta el total de su trazado, ya que presenta una deficiente conservación, e incluso hay tramos totalmente desaparecidos. El acueducto tiene su origen, casi con toda seguridad, en el propio Albarracín, en un importante acuífero que garantizaba el caudal suficiente y permanente a lo largo de todo el año; el final se encontraba en la actual Cella, llegando hasta la plaza Mayor de la localidad, donde se localizó con notables dimensiones revestida interiormente de opus signinum.

El acueducto se conserva de manera excepcional en algunos tramos, con distintas técnicas de construcción, aunque predomina la galería excavada en roca, con ventanas laterales que sirvieron tanto para excavar el interior como para extraer roca, y durante su uso para limpiar y retirar limos y otros materiales.

La pendiente o inclinación general del acueducto (libramentum) ha sido fijada en dos por mil, aunque con notables diferencias y correcciones en distintos sectores. La combinación de las dimensiones, la inclinación y el índice de rozamiento permiten calcular un caudal máximo de 267 litros por segundo, unos 23.000 m3 al día, caudal realmente notable. Hay que tener en cuenta que este acueducto podría abastecer de agua hasta 95.000 habitantes, cifra que no alcanzó Cella, con lo que la mayoría estaba destinada al riego. El final del acueducto era un salto de agua que podía mover 14 molinos que molerían hasta 3.864 kilos de trigo cada día. Con ese trigo podría abastecer una ciudad de unas 5.500 personas.

Constituye una de las mayores obras de ingeniería hidráulica del imperio romano. Tanto por su envergadura como por su complejidad técnica adoptada ante la resolución de importantes dificultades, derivadas de una abrupta topografía y de un terreno de muy diversa composición.

Se ha calculado que trabajarían más de 200.000 jornadas para construirlo. Si se hubiera terminado en un año, hubieran tenido que intervenir 600 obreros.



Se dispone de un centro de visitantes en Gea de Albarracín para poder entender esta grandiosa obra que han dejado nuestros antepasados, a nuestros días. A lo largo de todo el recorrido del acueducto existen 7 tramos adaptados para la visita, donde se han dispuesto mesas de interpretación que informan sobre las características y técnicas de construcción del acueducto.

Consta de ocho tramos que se conocen como: Tramo I. Toma de agua. Tramo II. Galerías de Los Espejos y del túnel carretero. Tramo III. Galería encima del azud de Gea de Albarracín. Tramo IV. Barranco de los Burros. Tramo V. La Cañada de Monterde y Las Hoyas. Tramo VI. La Tejería de Cella. Tramo VII. Las Eras de Cella. Tramo VIII. Casco urbano de Cella. 

Entre las varias opciones que los investigadores han defendido, el punto de captación más factible se situaría en el azud de Albarracín, a unos 2 kilómetros arriba del Castillo de Santa Croche. 

Castillo roquero medieval casi destruido, que se alza sobre un promontorio, dominando una gran extensión de terreno del valle del río Guadalaviar. La planta de la construcción es irregular siguiendo la cota del terreno y destaca la forma de quilla de barco. Hasta la década de los años sesenta del siglo XX se mantuvo intacto, pero tras la extracción de la madera de sus suelos empezó su destrucción.

El impresionante tramo del acueducto romano de Albarracín a Cella, de más de 18 kilómetros, combina recorridos aéreos y otros excavados en roca, donde  hay restos de una necrópolis romana de la que se extrajeron las lápidas que decoran la base de la Catedral de Albarracín entre la que destaca un relieve con patera y preferículo, asociados al culto al emperador.

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https://es.wikipedia.org/wiki/Albarrac%C3%ADn

https://www.albarracin.es/

https://www.turismodearagon.com/ficha/albarracin/

https://www.youtube.com/watch?v=F42Ux5OaLPI&t=56s

https://es.wikipedia.org/wiki/Acueducto_romano_de_Albarrac%C3%ADn-Cella

https://www.youtube.com/watch?v=F42Ux5OaLPI

https://www.youtube.com/watch?v=g_cdLZeAgdY&t=9s

 https://www.albarracin.es/acueducto-romano/

https://es.wikipedia.org/wiki/Castillo_de_Santa_Croche

https://castillosricsol.es/castillo-de-la-santa-croche/

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TORRE MUDEJAR DE SAN MARTÍN, TERUEL

 La torre de San Martín de Teruel es una edificación del mudéjar aragonés, catalogada en 1986 como Patrimonio de la Humanidad. 

Fue edificada entre 1315 y 1316 y reformada entre 1549 y 1551 por Quinto Pierres Vedel, que eliminó viviendas adosadas para dejar una plaza abierta ante la torre y construyó un refuerzo de sillería en su base para reparar y prevenir la degradación de su parte baja, muy erosionada por las humedades. 

En 1926 Ricardo García Guereta acometió una importante restauración; en la posguerra española, y Manuel Lorente Junquera volvió a intervenir en la torre restituyendo piezas cerámicas con un tono más tenue que el de las originales. 


Entre 2002 y 2007 se produjo una restauración completa, tanto en el interior como en el exterior, por la que fue recuperada la antigua entrada de debajo de la torre.





Se ubica en la plaza de Pérez Prado, frente a la calle de los Amantes.

Es, como otras de las torres de la capital turolense, una torre-puerta de ladrillo con ornamentos de cerámica vidriada bajo la que pasa la cuesta de la Andaquilla. Practicable en su base a través de una bóveda ojival.

En el primer cuerpo son visibles tres de sus caras, pues la cuarta está adosada a la iglesia de San Martín, de época barroca.

La torre imita la estructura del minarete almohade con dos torres cuadradas concéntricas entre las que se sitúan las escaleras. La torre interior presenta tres pisos superpuestos cubiertos con bóveda de crucería.

Existe una  leyenda sobre la construcción de las torres de San Martín y El Salvador  que tradicionalmente se conoce como “Dos torres por Zoraida”. dice que “Omar y Abdalá, alarifes mudéjares, fueron elegidos a principios del siglo XIV para construir, respectivamente, las torres de San Martín y del Salvador.

 Un día, cuando caminaban juntos por Teruel, pues  eran amigos, divisaron en una ventana a una hermosísima joven, de la que ambos quedaron prendados. La amistad se convirtió en odio debido a la rivalidad por Zoraida (así se llamaba la muchacha), y tanto Omar como Abdalá fueron, por separado, a hablar con Mohamed, padre de la muchacha. Ante el dilema y la indecisión de la joven, el progenitor decidió que otorgaría la mano de su hija a aquel que acabara antes su torre, siempre que reflejara a la perfección la belleza del proyecto. 

Omar comenzó las obras de la torre de San Martín y Abdalá las del Salvador, tapando ambos sus trabajos con andamiajes que ocultaran su evolución. Se establecieron relevos, incluso a las horas de comer, y organizaron turnos de noche, burlando la vigilancia policial. El amor por Zoraida empujaba a los dos a realizar todo lo posible para acabar antes que su respectivo contrincante. Un día, Omar anunció el término de sus obras. La población turolense se concentró a los pies de los andamios que cubrían la nueva torre de San Martín. 

El alarife ganador, con aire triunfal, ordenó que se destapara su trabajo. Poco a poco, las gentes iban contemplando embelesadas los bellos azulejos y ajedreces que decoraban la construcción. Sin embargo, cuando la torre estuvo descubierta por completo, Omar lanzó un grito de angustia: en lugar de erguirse recto, el edificio estaba ligeramente inclinado. El orgullo del que se veía ya junto a Zoraida se tornó en desesperación, y frente a toda la ciudad, el alarife ascendió a la torre y se lanzó al vacío, prefiriendo la muerte a una vida sin amor y sin honor. Pocos días después, Abdalá terminó su obra y ganó la mano de Zoraida, poniendo fin de este modo a la historia de las torres de San Martín y el Salvador de Teruel, que nos enseña que las prisas no son buenas consejeras”.

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https://es.wikipedia.org/wiki/Torre_de_San_Mart%C3%ADn

https://www.aragonmudejar.com/teruel/pag/samartin1.htm

https://www.rutasconhistoria.es/loc/torre-de-san-martin-de-teruel 

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TORRE MUDEJAR DE EL SALVADOR, TERUEL

La torre de la iglesia del Salvador de Teruel es una edificación del mudéjar aragonés  catalogada en 1986 como Patrimonio de la Humanidad. 

Fue erigida durante el esplendor del reino de Aragón en el siglo XIV, cuando aún la población musulmana pervive en la ciudad gracias a los fueros de Alfonso II.

Se levanta sobre la calle del Salvador, la cual discurre bajo ella utilizando el arco apuntado sobre la que se levanta, y que permite que estos lados queden libres de edificios anexos, a diferencia del resto de la base, que se encajona entre viviendas. Se construyó junto a la iglesia del Salvador. La torre imita la estructura del minarete almohade con dos torres cuadradas concéntricas entre las que se sitúan las escaleras.

La torre interior presenta tres pisos superpuestos cubiertos con bóveda de crucería y un campanario con arcos apuntados y de medio punto. En su ornamentación dominan los arcos mixtilíneos, los sebka y la cerámica vidriada en colores verdes y blancos. 

Para el ascenso se deben salvar 122 escalones, en las paredes enyesadas se pueden observar grafitos de la época de la construcción.

Finalizadas las obras de su restauración, entre los años 1991 y 1993, se convierte en la primera torre mudéjar visitable de la ciudad de Teruel. Sus tres salas interiores, así como el campanario y mirador, albergan el Centro de Interpretación de la Arquitectura Mudéjar Turolense.

Durante el primer trimestre de 2020 se pondrán en circulación monedas de dos euros con la imagen del mencionado monumento en una de sus caras.

Se trata de la torre más tardía del mudéjar turolense. Situada junto a la desaparecida Puerta de Guadalaviar, acceso oeste al recinto medieval de la ciudad de Teruel, la Torre de San Salvador es lo único que se ha conservado de la fábrica mudéjar del conjunto de templo y campanario del mismo nombre.

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https://es.wikipedia.org/wiki/Torre_de_la_iglesia_del_Salvador

https://www.territoriomudejar.es/patrimonio/torre-del-salvador-teruel/

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CATEDRAL DE SANTA MARÍA DE MEDIAVILLA, TERUEL

La Catedral de Santa María de Mediavilla de Teruel es una de las construcciones más características del mudéjar en España y una de las escasas catedrales españolas construidas en este estilo.

Actualmente, está considerada como BIC a partir de 2004 y declarada Monumento histórico-artístico el 3 de junio de 1931. La Torre, el Cimborrio y la Armadura de Par y Nudillo de la Catedral son Patrimonio de la Humanidad desde 1986.


Ya desde estos primeros momentos, Santa María destaca sobre el resto de las parroquias, apareciendo siempre en primer lugar siendo sus toques de campanas, según el Fuero, los que señalaban el principio y fin de la jornada laboral.

El pontífice aragonés Benedicto XIII en el año 1423, le concede el honor de colegiata, sin embargo ya desde el momento de la fundación de la ciudad por el monarca Alfonso II en 1171, con repobladores venidos de Aragón, esta iglesia ostentaba una posición relevante dentro de la organización parroquial de la villa, destacando no sólo por su ubicación en el centro urbano sino por la asignación real de rentas y beneficios. No fue elevada a su actual rango de catedral hasta el año 1587, fecha de creación de la diócesis turolense.

La Catedral de Teruel tiene su origen en la iglesia de Santa María de Mediavilla, que comenzó a edificarse en estilo románico en 1171 y se concluyó con la elevación de la torre mudéjar en 1257, por el alarife morisco Juzaff, que reestructura la antigua obra románica y dota al edificio de tres naves mudéjares de mampostería y ladrillo, que mejoran y elevan la estructura románica del siglo anterior.

La impresionante TORRE MUDÉJAR es de planta cuadrada y está adosada a los pies de la nave central, por su lado este, mientras que por el occidental lo hace a la Casa del Deán, edificio del siglo XVI. Como las otras tres torres mudéjares de la ciudad, posee paso en su base para una calle.

Está dividida en tres cuerpos que se separan por medio de dos sencillas cornisas. El cuerpo superior, cuarto, corresponde a una  amplificación del siglo XVII.

Es en el lado que mira a la Plaza de la Catedral, el sur, en el único que se aprecia en toda su extensión ya que el norte queda encajonada su parte baja en un estrecho y corto callejón que, desde el paso inferior, desemboca en la Plaza del Obispo.

En esta plaza, además de del Museo de Arte Sacro de Teruel y una escultura del Venerable Francés de Aranda, está la puerta por la que se accede a la visita turística.

Al interior, la Catedral de Teruel conserva básicamente la estructura de la fábrica mudéjar que sustituyó al primitivo templo románico en la segunda mitad del siglo XIII. Parece ser que pronto se quedó pequeña esta iglesia románica y por ello, además de por un creciente apogeo económico de la ciudad, se acometieron obras de ampliación y renovación de la misma, levantando un nuevo templo de estilo mudéjar y elevando las tres naves, que se dotan de nuevas cubiertas de madera, planas las laterales y de armadura de par y nudillo la central. Estas obras, dirigidas por el maestro moro Yuçar de Huzmel, finalizarían en 1335 con el desmontaje de las cimbras y el enlucido, decoración del crucero y pintado de los tres nuevos ábsides mudéjares, según consta en una relación de cuentas conservada en el Archivo Catedralicio.


La siguiente obra de importancia data de 1537, cuando el maestro de obras Juan Lucas, alias Botero, diseña las trazas de un nuevo CIMBORRIO, cuyas obras se realizaron en el verano del año siguiente bajo la dirección de Martín de Montalbán.  Es uno de los tres que se conservan de estilo mudéjar en Aragón, junto a los de La Seo de Zaragoza y la Catedral de Tarazona.


Tiene forma de octógono que apoya en trompas de veneras, decoradas con imágenes de los cuatro evangelistas acompañados por sus animales simbólicos. Se cierra con una bóveda de nervios entrecruzados de clara inspiración gótica-renacentista. 

Al exterior presenta ventanas ajimezadas en arco de medio punto decorados con medallones de bustos de distintas personalidades. El trabajo en ladrillo se destaca en toda su simplicidad y elegancia. Es joya del arte mudéjar turolense y vino a sustituir a otro anterior ya desaparecido. Destaca su chapitel de cerámica vidriada verde, color "totem" del mudéjar turolense.

La función principal de este nuevo cimborrio es dotar de mayor iluminación a la cabecera donde se había colocado en 1536 el actual RETABLO MAYOR, considerado como la obra cumbre de la escultura renacentista en la provincia de Teruel, obra de Gabriel Joly  que acababa de asentarse en Teruel en esta fecha.

Tallado en madera conserva su color natural sin policromía ni dorados. Está dedicado a la Asunción de Nuestra Señora. En él se representan los misterios de la vida de Cristo y de su Madre, que aparece en la hornacina central como Asunta a los cielos. Las tallas están dotadas de una gran fuerza y patetismos que se asocia a la influencia de Berruguete.

En el año 1700 se realizan diversas obras, entre las que figura el cubrimiento de la techumbre de la nave central con una bóveda encamonada compuesta por tres tramos en arista. También se construye la actual girola cuadrada en torno al ábside central, desapareciendo en consecuencia los laterales. 

Las naves laterales se fueron completando con capillas abiertas, sobre todo en los siglos XVI y XVIII. Asoman oratorios como la CAPILLA DE SANTA EMERENCIANA, patrona de la ciudad y de la diócesis, del siglo XVIII, situada en el arranque de la girola en el lado de la epístola. Santa Emerenciana fue una mártir romana que murió en Anatolia, actual Turquía, en el año 304 durante las persecuciones de Diocleciano. Sus reliquias se encuentran en la iglesia de Santa Inés de Roma, sin embargo en Teruel se conserva un resto de la santa guardado en un relicario, al menos desde el siglo XV.

La CAPILLA DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN, mandada construir por el obispo Francisco Pérez Prado y Cuesta entre 1732 y 1755 en estilo barroco durante su pontificado. Con anterioridad había una capilla dedicada a la Virgen del Pilar. En el centro del retablo, obra realizada entre 1738 y 1740 por el escultor Francisco Moya y dorado por José de Villarroya, una bella imagen de la Virgen María flanqueada por dos esculturas de bulto redondo de San Joaquín y Santa Anapadres de esta. En el banco del retablo varios bajorrelieves con escenas alusivas al Antiguo Testamento. En la parte superior del frontal del retablo podemos ver el escudo del promotor de la capilla, el obispo Pérez Prado. La capilla situada en el eje central de la girola es tal vez la más importante de la Catedral después de la Capilla Mayor.

La capilla se cubre con una hermosa cúpula octogonal con un potente tambor en el que se abren sus correspondientes lucernarios. En las pechinas, vemos cuatro imágenes policromadas de cuatro padres de la iglesia primitiva.

En el suelo de la capilla vemos la lápida sepulcral del obispo Francisco de Paula Jiménez Muñoz obispo entre 1861 y 1869.

Frente a esta capilla se encuentra la escalera que baja a la CRIPTA DE LOS MÁRTIRES, construida a finales del siglo XVI como panteón de obispos y canónigos. Actualmente guarda los restos de los beatos agustinos Anselmo Polanco Fontecha, obispo de la diócesis entre 1935-1939, y Felipe Ripoll Morata, su vicario general, asesinados en 1939 en Pont de Molins (Gerona), y beatificados por Juan Pablo II en 1995. Un lienzo, obra del pintor turolense Agustín Alegre Monferrer representa a los beatos y recuerda las circunstancias de su muerte y martirio.


La CAPILLA DE LA CORONACIÓN DE LA VIRGEN, situada en el arranque de la girola por la nave del evangelio, alberga un magnifico retablo de estilo gótico (siglo XV) de autor desconocido, aunque algunos lo atribuyen al Maestro de la Florida. Representa en el centro la Coronación de la Virgen por la Santísima Trinidad. Es una pieza hispano flamenca de gran valor, la obra pictórica más importante de la Catedral y de la ciudad. Profetas y reyes del Antiguo Testamento, así como una serie de santos completan su iconografía mariana.

En la capilla la Virgen de los Desamparados podemos ver la CUSTODIA PROCESIONAL, obra barroca en plata del orfebre cordobés Bernabé García de los Reyes, terminada en 1742 a iniciativa del obispo Pérez Prado. Tiene una altura de 2,86 metros. Se levanta sobre una carroza salida de la mano del escultor Antonio Sanmartín en 1907.

Junto a la Capilla de los Pérez Arnal encontramos una gran escalera de dos tiros que nos lleva sobre la parte superior de la nave y que permite el acceso al paso elevado existente entre la Catedral y el Palacio del Obispo.

Ahora nos detenemos en el  CORO, realizado en madera sin ningún tipo de decoración, se distribuye en dos niveles, al fondo y presidiendo el coro se encuentra el sitial del obispo que en nada se diferencia del resto de escaños. Al fondo del conjunto, en lugar elevado, vemos el ÓRGANO DE LA CATEDRAL.

Se cierra con una reja del siglo XV obra gótica flamígera, realizada por el maestro Cañamache hacia 1486. Esta reja fue trabajada para cerrar la Capilla Mayor, pero en el siglo XVI fue desmontada de su emplazamiento para ser colocada en este lugar. Durante la guerra civil española, fue parcialmente destruida a causa de los continuos bombardeos del ejército republicano sobre la ciudad.

Completaremos el recorrido por la totalidad de las capillas del interior de la Catedral, para luego centrar nuestra vista la excepcional ARMADURA DE PAR Y NUDILLO, reforzada con diez tirantes de vigas dobles que descansan sobre canes, que cubre toda la nave central, y al que se le ha llamado la “CAPILLA SIXTINA DEL ARTE MUDÉJAR”, por su gran valor arquitectónico y pictórico. Tiene 32 metros de longitud y 7,76 de anchura, y data de finales del siglo XIII.

En agosto de 1953, la Catedral fue consagrada, ya renovada, quedando a la vista la techumbre. Fue entonces cuando se construyó el estrecho balcón volado que la recorre en sus laterales y tramo de los pies,  que permite ser contemplada con detalle.

Se conservó en perfecto estado debido a que fue cubierta por un falso techo neoclásico en el siglo XVIII, dejando la pintura mudéjar a salvo de las inclemencias del tiempo, aunque sufrió desperfectos en los bombardeos de la Guerra Civil. Fue restaurada, aunque con imágenes no muy afortunadas que delatan su procedencia moderna. Contemplamos, con esa pequeña excepción, una extraordinaria obra pictórica anterior a 1300.

En sus casetones hallamos un repertorio temático enorme, cargado de escenas figurativas, motivos históricos, religiosos, profanos, alegorías, metáforas, costumbristas, bestiario, y vegetales o geométricos,... toda una extensa variedad en la imaginería pictórica.

Si la decoración figurada ocupa algo más de una cuarta parte de la techumbre, quedando el resto para la decoración vegetal y geométrica, siempre ha llamado la atención la escasa proporción que dentro de esta decoración figurada de la techumbre de Teruel alcanzan las imágenes sagradas en sentido estricto. Así, la temática religiosa se reduce al ciclo de la Pasión, en el que se desarrollan las siguientes escenas: Jesús ante Pilatos y Flagelación; Jesús con la cruz a cuestas, Descendimiento y Entierro; Noli me tangere, Discípulos de Emaús y Duda de Santo Tomás; Maiestas y Crucifixión, de un lado, y las imágenes de Cristo, de san Pedro y de dos apóstoles.

Jesús ante Pilatos y flagelación. Aquí se detecta un fuerte antisemitismo al introducir un judío acusador, identificable por su vestido corto y capucha.

El descendimiento y entierro de Jesús personificado con la cruz a cuestas.  Se trata de una zona muy deteriorada, con la Virgen del Descendimiento y todo el entierro muy afectados por la restauración tras la Guerra Civil.


Un fragmento epigráfico del Ave María (Ave, Maria, gratia plena, Dominus tecum, bened...), como alusión a la Virgen. 

Un tratamiento mucho más amplio alcanzan en la decoración de la techumbre de Teruel las imágenes y los ciclos parciales de carácter profano relacionados con la representación de la sociedad de la época y sus actividades: la realeza, la caballería villana, el clero y el común. 

Se han detectado hasta cinco imágenes de monarcas en las tabicas de los faldones y una cabeza de otro monarca en un alicer, pero cualquier intento de identificación con reyes de Aragón carece de fundamento iconográfico en opinión de Yarza. Es más plausible su identificación con monarcas del Antiguo Testamento. No obstante tampoco habría de olvidarse, a la hora de las hipótesis iconográficas, el hecho de que Teruel era una villa de realengo.

Tras la realeza, la representación de la nobleza y sus actividades es asimismo muy destacada en la techumbre. Este hecho se ha puesto de manifiesto en relación con una clase social dominante en el concejo de la ciudad de Teruel: la caballería villana. Entre las actividades representadas deben subrayarse los alardes o desfiles de caballeros armados con la cabeza descubierta, los torneos, y las escenas de caza, tanto del ciervo como del jabalí, no debiendo descartarse que algunos temas de lucha con animales puedan no ser distintivos de clase social sino de una lucha de carácter alegórico o simbólico.

Escena de caza, en la que un infante alancea un jabalí, ayudado por una jauría de perros, ante la presencia de otros infantes.

Moralejo ha identificado este zorro, médico, portando en la mano un pomo con orina del enfermo, con Renard, el correlato de Nobles en la ficción literaria. 

Por lo que al clero se refiere, se registra en la techumbre tanto el secular (obispos y presbíteros) como el regular (frailes). En la segunda figura comenzando por la derecha, vemos a una persona que por su indumentaria, un tabardo con largas mangas y capuchón, más permite pensar en un letrado o doctor que en noble, con una posición social asimilable al clero. 

Entre los obispos representados llama la atención, uno que tañe un laúd (primero por la derecha), que Moralejo ha propuesto identificar con el famoso trovador Folquet de Marsella, obispo de Toulouse.


Entre las pocas imágenes de santos representados en la techumbre, destaca este santo franciscano del primer casetón, en el que algunos han querido ver a San Francisco, aunque no responde a su iconografía habitual. Podría identificarse tal vez con algunos de los dos santos franciscanos, Juan de Perugia o Pedro de Sassoferrato, que según la tradición llegaron a Teruel entre 1217 y 1220.

Por lo que se refiere al común o pueblo llano y a sus diferentes oficios y actividades, merecen retenerse la representación de los carpinteros, de los pintores, de los músicos, juglares y danzarinas y del trabajo de la mujer, así como la presencia obsesiva de numerosas cabezas.

En la primera escena comenzando por la izquierda, dos pintores están decorando las propias tabicas de los faldones de la techumbre, con motivos heráldicos y ornamentales, mientras un ayudante les ofrece bebida.

El ciclo de los carpinteros es el más detallado, rico y curioso y no tiene parangón en el arte medieval español; en el mismo se representa una armadura de par y nudillo, y aunque parezca tomado del natural, Yarza ha señalado antecedentes y modelos diversos, destacando entre ellos los mosaicos de Monreale y los marfiles de Amalfi y Salerno.

En la escena central, vemos como un carpintero talla una ménsula o can, con la cabeza en forma de águila.

La representación con las diferentes actividades de los meses del año, agrupados por parejas en cada tabica, constituye otro de los ciclos más coherentes, junto con el ya mencionado de la Pasión, y su lectura no ofrece problemas iconográficos, pudiendo haber influido en el mensario de las pinturas murales del Castillo de Alcañiz. Las tabicas correspondientes a los meses de enero-febrero y marzo-abril se hallan en la primera sección derecha, y las de mayo-junio y julio-agosto están en la quinta sección izquierda; esta circunstancia topográfica ha permitido suponer que las correspondientes a los meses que faltan, septiembre-octubre y noviembre-diciembre, pudieron estar emplazadas en la desaparecida sección novena, de haber estado originalmente completo.

Arriba, marzo, representado como un campesino en ropa corta y cabeza descubierta, que poda una vid seca; abajo, abril, como un hombre coronado, con espigas esquemáticas en ambas manos.

Arriba, julio, representado como un campesino que golpea con el mayal la mies (la trilla sobre el campo); abajo, agosto, como un campesino fabricando una cuba para el vino. 

Por lo que se refiere al bestiario, aunque los animales representados son muy numerosos, sin embargo su variedad es escasa. Yarza anota la representación de «dragones, leones, unicornios, centauros, sirenas, dos tipos de aves, grifos, ciervos, pavo real y, quizás, un leopardo», subrayando que los más numerosos son los dragones y los leones.






Por último, dentro de la serie de ampliaciones y reformas que se han ido sucediendo en la Catedral a lo largo del tiempo, la última de importancia corresponde a la portada sur. Obra de 1909 del arquitecto Pablo Monguió, fue la primera de estilo neomudéjar realizada en Teruel, a la que más tarde se uniría un amplio repertorio de edificios en este estilo. El diseño de la portada en un estilo del pasado, cuya construcción responde mayoritariamente al estilo mudéjar. Para ello tomó básicamente como modelo elementos decorativos de la torre.

El centro de la portada lo ocupa un gran tímpano blanco, que se llena con una composición de cinco figuras: la central representando a la Virgen con un ángel de rodillas a cada lado. En los laterales, a un nivel más bajo, otros dos ángeles arrodillados completan la decoración. Encima, ocupando todo lo ancho de la portada, un largo lazo con extremos semicirculares que se anuda en el centro. En su interior se ha reproducido en letra gótica azul decorada con motivos de tipo vegetal blancos la frase “ASSUMPTA EST MARIA (sustituido el nombre por el anagrama mariano en el nudo central) IN CAELUM”, frase en latín que alude a la Asunción de la Virgen María a los cielos.


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https://es.wikipedia.org/wiki/Catedral_de_Teruel

https://www.aragonmudejar.com/teruel/pag_catedral/catedral00.htm

https://www.arteguias.com/catedral/teruel.htm

https://www.almendron.com/artehistoria/arte/arquitectura/la-techumbre-de-la-catedral-de-teruel/la-historia-de-la-techumbre/

http://www.jdiezarnal.com/catedraldeteruel.html

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